¿Cuántas veces te dijeron -o te dijiste a vos misma- que deberías delegar ciertas tareas?

Esa manía de tener todo bajo control o, mejor dicho, todo bajo nuestro control puede resultar tan adictiva como perjudicial.

Es mejor que te tomes una pausa y determines, por tu bien y el de quienes te rodean, cuáles son las tareas que podés delegar. Aquí te doy algunos consejos para empezar a delegar de una buena vez.

5 Pasos para lograr delegar de una buena vez

Hacer una lista de todo

Hacé la lista de todas tus tareas, actividades, funciones, responsabilidades. No hace falta que esté en ningún orden, ni alfabético ni de prioridades, ni tampoco hace falta que separes las cosas del trabajo de las cosas personales o del hogar, tu realidad es que vos sos sólo una misma y tu día, como el del resto, tiene sólo 24 horas.

Ver qué es delegable y qué no

Una vez que tengas tu lista, además de sentirte abrumada por su extensión y/o complejidad, es probable que te sientas algo aliviada. Sí, porque cuando el caos comienza a ponerse en orden, nos da esa sensación. Ahora es momento de marcar cada una de estas tareas con un check o una equis dependiendo de lo que vas a delegar o no. Para determinar esto no sólo debés pensar en qué podrías delegar sino también en qué querés delegar.

Analizar lo que decidiste no delegar

De todo lo que marcaste que no podés delegar, ¿cuáles están basadas en el miedo? Miedo a que otro lo haga mal o, por qué no, miedo a que lo haga tan bien que a vos te deje mal. Aquí podés descubrir otras cosas tuyas que van más allá de la organización de tu tiempo, sino que tienen que ver con tu seguridad personal.

¿Y cuáles son las cosas que decidiste no delegar por una cuestión de presupuesto? Aquí también podés ponerle especial atención, ya que muchas veces nos cerramos a la idea de tercerizar algo cuando nos impacta el precio de esto. Te recomiendo hacer el balance del precio de lo que pagás, teniendo en cuenta el valor que representa esa solución en otros ámbitos de tu vida.

La razón más fuerte para no delegar algo debe ser porque te encanta hacerlo. Intentá encontrarle la vuelta a todo para que siempre llegues a esto.

Y para lo que sí decidiste delegar

Buscá a la persona correcta, alguien que pueda ser responsable y además disfrute hacerlo. Más allá de mostrarle lo que debe hacer, aseguráte de que entienda cuál es el objetivo, a modo que pueda tomar decisiones cuando la situación lo requiera.

También tenés que tener en cuenta que todo lo que delegás son las tareas, pero no las responsabilidades. Una vez que le encargues algo a alguien, vas a tener que seguir dándole seguimiento, en el ritmo que veas necesario según surjan los resultados.

Ahora relajáte y confiá…

Es muy probable que las cosas se hagan de una manera que no es la tuya, pero esto no significa que se hagan mal. Suavizá tus exigencias en las cosas que no merecen demasiada atención y festejá el descubrir cómo los demás resuelven situaciones. Y cada vez que te quieras meter a hacer algo que no te gusta, pero lo hacés porque si no los demás lo hacen mal, atajáte y pensá que ese es tu momento robado a lo que sí te gusta hacer.

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