En un mes vi más mariposas que en 30 años de mi vida. Entendí finalmente que ellas siempre estuvieron allí, sólo que antes no las prestaba atención, así como a tantas cosas hermosas que suceden todo el tiempo. Te cuento sobre el día en que viví en carne propia eso de que querer es poder.

Sí, mariposas. Esto no es una metáfora, son mariposas de verdad.

Fue después de realizar uno de los primeros experimentos que nos desafía Pam Grout en su libro E2 Potencia tu energía. Se trata de llamar con la mente las cosas que queremos ver, vivir o tener.

La autora pone como ejemplo el famoso caso en que cuando pensamos mucho en cierto auto que nos queremos comprar, lo vemos por todos lados. O cuando estamos embarazadas, vemos bebés y embarazadas por todas partes. Mi profe de marketing lo llamaba percepción selectiva. Ahora que ando leyendo estos libros más místicos veo que sus autores lo llaman poder de la mente, los religiosos lo llaman milagros. Vos podés llamarlo como quieras.

El de Pam Grout es un ejercicio simple de hacer, se trata sólo pedir ver mariposas, creer fervientemente en verlas, luego ellas van a aparecer… y las vas a ver, y.. si te pasa como a mí ¡no vas a dejar de verlas por todas partes!

mariposas

Tan sólo hacían minutos en que le comentaba a mi marido sobre el “loco experimento” que pensaba hacer, cuando aparecieron estas mariposas en mi patio.

Yo empecé un domingo de mañana. El día anterior me fui a dormir con la convicción de que en las próximas 48 horas empezaría a ver mariposas por todos lados. Aunque hacían años que no veía ninguna, no tenía dudas, lo tomé como un desafío personal.

Llegada la mañana, mientras desayunaba con mi marido en la cocina y le contaba sobre el loco experimento que estaba haciendo –sin dejar de mirar expectante por la ventana- vi un par de mariposas amarillas volando lejos, en la copa de un árbol. Fregándome los ojos, salí al patio y llamándole a los gritos a él, salté de alegría cuando las mariposas amarillas se acercaron más y se posaron en la Santa Rita.

La emoción que sentí es inexplicable. Fue algo así como lo que se siente cuando te llaman por un premio que ganaste. Salté de alegría, se lo demostré a mi marido con un “Viste, ahí está, (in-your-face!)” y hasta él, dentro de su escepticismo quedó con la boca abierta. Un momento inolvidable de mi vida. Una gran lección. Ese día, las conté, vi 15 mariposas, y las sigo viendo todos los días.

Lo que quiere demostrar la autora es que realmente depende de vos programarte para ver las cosas buenas o malas de la vida, en todos sus aspectos. Podés fijarte la cantidad de gente que tira basura a la calle, o podés fijarte en la cantidad de basura que está perfectamente depositada en basureros.

Podés ver la cantidad de autos mal estacionados, o fijarte en la otra gran cantidad (que siempre es mayor) de autos bien estacionados. Y así una lista interminable de ejemplos.

No se trata de negar la realidad, ni vivir en un mundo de fantasía. Se trata de elegir ver el vaso medio lleno, de obsesionarse con las cosas buenas, porque de todos modos, ellas siempre están ahí, son reales, son tangibles, aunque sólo si les prestás atención vas a poder disfrutarlas.

Y una vez que estás en esta sintonía, es como rápidamente empiezan a suceder casualidades, como el famoso “cayó del cielo” ya sea la oportunidad de negocio, el viaje soñado o el amor de tu vida. Todas estas cosas siempre estuvieron y estarán frente a nuestras narices, así como las mariposas, sólo tenés que prestarle atención.

Empezá a hacer la prueba, te vas a sorprender.

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