¿Conocés esa sensación de estar super cansada pero al mismo tiempo feliz y orgullosa de lo que lograste?

Bueno, eso era exactamente lo que sentíamos Liz, Rosa y yo al final de la segunda edición de nuestro evento Energía Femenina (edición Madres Emprendedoras) que lo realizamos el pasado 30 de mayo.

Aquí te cuento un poco cómo lo vivimos nosotras detrás de bambalinas, pues organizar un evento así es muy similar a emprender, pero en versión acelerada.

Estoy segura de que como emprendedora te identificás con algunas de estas etapas.

Etapa inicial “Soñar es gratis”  (además de fácil y muy divertido)”

Cuando decidimos hacer la segunda edición de Energía Femenina (aquella noche que nos reunimos a comer las ricas pizzas de Bar 904) Rosa y Liz entusiasmadas me insistían que volvamos a hacer una versión más del primer evento que ofrecimos en marzo. Pero yo me resistía diciéndoles: “¿Otro proyecto más? ¡Nooo, tengo mil cosas, poco tiempo… “

Rosa, Liz y yo en Bar 904, cuando se nos ocurrió la siguiente edición de Energía Femenina.

Por supuesto que jamás les importó mi opinión y enseguida lograron lo que las amigas emprendedoras (aquellas que no pueden estar sin hacer nada, nunca) hacen:

Me sacaron de mi zona de confort, para crear juntas algo nuevo.

Así que esa misma noche nos pusimos a soñar libremente. Llovían las ideas, todo era positivo y fácil: Vamos a hacer esto, lo otro, va a ser así, asá. Yo voy a hacer esto, vos aquello. Vamos a conseguir tal cosa, yo le conozco a Fulano, ¡Ya está todo!

Etapa realista “No era tan fácil como parecía”

Aquella noche ya teníamos clarísimo el concepto y fijamos fecha. Ahora, teníamos las primeras tareas a finiquitar pero el tiempo no alcanzaba. Aparecieron las primeras complicaciones:

Algunos cálculos no cuadraban, llegaron gastos que no estaban planificados.

Fulanito había sido no quiere luego auspiciar.

Una loca dijo que nuestro evento sería un fracaso (y nosotras boludas por un momento le creímos).

Fijamos precio de venta; algunos nos dijeron que estaba re barato, que para qué trabajamos gratis (nos sentimos re tontas).

Otros nos dijeron que era muy caro (sentimos que la loca tenía razón).

Confusiones iban y venían, pero nunca se dejó de avanzar.

Etapa “Ya estamos en el baile”.

Esta es la etapa cuando ya no podés volver atrás. En nuestro caso ya teníamos logo, diseñito y flyer. Ya habíamos anunciado el evento en todas nuestras redes. No nos quedaba otra más que seguir.

El primer flyer del evento que publicamos, sólo teníamos la fecha.

Además, a pesar de las complicaciones y las opiniones dispares de afuera, a nosotras la idea inicial nos seguía pareciendo genial. Así que pensamos que eso era todo lo que necesitábamos para continuar.

Así también empezaron a suceder cosas buena onda; Un lugar nos ofrece ser sede (¡es un lugar re top!), esto nos alienta mucho, conseguimos otros auspiciantes más, conseguimos premios hermosos (lástima que no podemos participar del sorteo!), tenemos todo. El evento está listo. ¡Vamos si que!

Etapa “Para qué luego me metí en esto”

El tiempo se acaba, algunas cosas que queríamos hacer no se hacen. Otras cosas nuevas que ni planificamos sí. Hay buena onda en el ambiente en general, pero todo lleva más tiempo y desespera. Además, al ser un emprendimiento paralelo, está todo eso otro (de tu verdadero trabajo) que sí debés hacer (y se acumula).

¿Qué tal la venta de entradas? ¿No se va luego a vender nada o realmente el estilo “a lo Paraguay” nos van a tener con la duda hasta el final? En esta etapa sólo queremos que llegue el día, pase lo que tiene que pasar y ya está.

Etapa “Lo veo y me encanta”

Llega el día y lo que estaba solo en nuestras cabezas aquella noche de la idea inicial, va tomando forma… ¡y es hermoso! La adrenalina se incrementa y ya no hay dudas de que este pequeño emprendimiento va a resultar genial. La gente no para de llamar, de anotarse (muchísimos a última hora). Empezamos a tener problemas lindos como: Y si no alcanza el lugar? Y si se agotan las entradas?

El evento comienza, las cosas suceden, nos emocionamos, consumimos nuestro propio producto y nos encantó. Terminó y las participantes se retiraban con la misma sonrisa en el rostro, no sin antes acercarse a felicitarnos y agradecernos por el evento. ¡Esto si que no tiene precio!

Etapa final “Cansada, feliz y quiero más!”

Sin dudas esta es mi etapa favorita de todo emprendimiento. Cuando las cosas se hicieron, resultaron un éxito y, aún estando exhausta, sin dormir, con un montón de otros pendientes acumulados, te sentís genial por haber hecho que las cosas sucedan. Porque eso que al principio era sólo una idea, acaba de suceder. Y sabes, que por más que unos días antes estuviste pensando “para qué caranchos me metí en esto”, ya estás planificando el siguiente desafío.

Si sabés de lo que hablo, entonces también sufrís (o gozás) del síndrome de la emprendedora entusiasta.

Aunque digas “no me voy más a meter en tantas cosas”, te seguís metiendo, soñando, arrepintiéndote y luego disfrutando de los éxitos. ¡Así nomás es!

Y ese es el encanto de emprender, de crear y llevar ideas a su realización. Y no hablo solamente de emprendimientos con fines comerciales.

Creo que este ciclo también se da en otros proyectos como aprender algo nuevo, hacer manualidades, arreglar toda la casa, una dieta para bajar de peso.

Todo tiene un ciclo similar. Lo importante es que identifiques en qué parte del proceso estás y saber que al final se viene lo mejor.

Gracias a mis amigas emprendedoras, que me sacan de mi zona de confort, que me seducen con ideas muy locas y me aseguran de que yo las puedo realizar. ¿Qué emprendemos ahora?

 

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